martes, 15 de febrero de 2011

COSILLAS

1. Hay gente que anda a gritos. Te mira y grita algunas de sus verdades. Y el caso es que no estás sordo. Conviene pararlos en seco: ‑Oiga, ¿por qué grita? Los gritos no son argumentos. Los gritos sólo manifiestan el deseo que uno tiene de creer en lo que dice. Hay gente que grita con la pluma cuando escribe. General­mente procede del mundo del periódico. Cuando los grititos (¡Mi­rad que lista soy y que ingeniosa! ¡Aprended hombres de mi!...) son de alguna progre  cuyo reloj se paró en el 68, mujeres donde lo bonito y lo preten­didamente brillante y el humor ingeniosillo... en fin: ¿ para que hablar de la coquetería de unas mujercitas que toman ideas como libertad o independencia cual si fueran un abalo­rio más? ¿O el discursito idiota de esas feminazis que dividen el mundo en campo de batalla entre machos y hembras?  Acaso fuera bueno devolver a estas últimas a la cocina, de donde escaparon injustamente... pero no me hagan caso porque el enfado me está refutando.

2. "Cualquiera debería ser suficientemente fuerte para escuchar los cantos de sirena sin necesidad de ser atado al mástil de la barca, como Ulises". Esto me lo decía un buen amigo cuya sordera era notoria.
3. Lo más penoso de la amistad rota suelen ser las largas explicaciones. El silencio es mejor. El silencio es el bálsamo más delicado para las heridas. Se ha perdido la capacidad de vivir  juntos las "bellas" ideas, los sentimientos hermosos. ¿De qué sirve que tengamos las "mismas" ideas? La amistad y el amor no se basan nunca en ideas.
4. ¿No es estúpida la idea de un Dios que da a sus criaturas la razón para que busquen la verdad y aprendan a conducirse en la vida y luego les exige fe en absurdos gratuitos? Desnaturalizar a un hombre para hacerlo un Dios, supone que luego, durante dos milenios se pierde el sentido de ser‑hombre.
5. "Yo quiero hacer en todo momento lo que me gusta". Este es el nuevo sentido de la existencia y a esta pobreza estética se la llama libertad. En realidad, creo yo que esa fórmula es la causa de la decadencia de la aristocracia que deja de hacer lo que debe, para hacer (y puede hacerlo) todo lo que le gusta. Aunque este pensamiento sea de Ortega y Ortega ya no esté de moda, cuánta verdad encierra. Sobre todo, cuando se trata de elegir carrera, los padres suelen salvar su responsabilidad dejando que el mucha­cho elija guiado por su gusto. Eso sí, están prestos a poner el dinero y a hacer los sacrificios que sean. Con frecuencia el gusto del muchacho está peor formado que su inteligencia, ya que, en los planes de enseñanza eso es cosa vedada: con ello los batacazos suelen ser monumentales; eso sí, se salva la buena conciencia de los padres. No está mal recordar esto en Septiembre.
6. DEFINICIONES.
a. Soñar. Cerrar todas la puertas a las imá­genes para liberar las que callan en el interior.
 b. Rezar. Cuando se hace con convicción, es tomar la postura del esclavo para hacer la pequeña locura de la que nos reiría­mos en la calle, (‑El pobre, ‑solemos decir- va hablando solo), mientras sostenemos la ficción de que alguien escucha tras la gran puerta del cielo estrellado.
c. Reprender. Utilizar el lenguaje más eficaz para corre­gir   en los demás lo que nos molesta de nosotros mismos. En todo caso, raspar el azogue del espejo.
d. Oración. Estructura lingüística (S/P) que pretende arrancar respuestas al vacío. Se acompaña a veces de gestos y visajes extraños o de una inmovilidad de gusano en peligro. A veces se repite lo mismo hasta la náusea, llevando la cuenta de lo que se dice con unas especie de ábaco, una cuerda llena de bolitas.
e. Silencio. Voz que se refiere al vacío. No sólo no está reñido con la verborrea sino que ésta suele ser una de sus formas más insoportables.
f. Necedad. Pequeño derrame lingüístico. En plural, son frases extraídas del lenguaje común que, dichas con una potente voz, suelen suplir la falta de sentido de lo que se dice. Escú­chese a la mayor parte de los políticos; generalmente ese hablar los diferencia de los hombres de estado y de las personas cultas.
g. Amor. Monólogos en los que los silencios son cada vez más prolongados.

OPINANDO A DAR

1. "‑Pues la tierra entera es la tumba de los grandes hombres". Dejo reposar en mi alma esta hermosa frase de la Oración Fúnebre de Pericles y pienso que es preciso dejar que la muerte ilumine de tal forma mi vida, que llegue a ser digno de una tumba tan hermosa.
2. La muerte tiene más alicientes de los que se cree. Por de pronto el aliciente de todo lo desconocido, misterioso y terri­ble. Tiene además el aliciente de lo estable y lo verdadero. Y, además, dicen que es de miel; los hombres azules del Sáhara, aseguran que el tercer té de la tetera ha de ser dulce como la muerte. ¡Dulzura de la muerte! Para mí es especialmente atractivo ese descanso que promete porque llevo varias noches sin dormir.
3. Cuando un maestro, hastiado, abandona todos los gestos in­transigentes  que marcaban su moral o su estética, observa con estupor que sus alumnos convertidos a su vez en maestros lo miran con recelo, sospechando que ha traicionado las verdades que les enseñó, para "integrarse" en el sistema de poder.
4. ¿Por qué la educación religiosa cegó el pozo de la estética en mi alma? He tenido que alcanzar un poquito de arte, solo y contra la estupidez ñoña que unos religiosos plantaron en mi alma infantil.
5. "En verdad os digo..." ¿Es curioso que todos los salvadores repitan fórmulas como ésta? Como si fuera gente insegura que necesitara creer en si misma.
6. Aunque Dios hiciera caer la misma cantidad de agua para todos, que no lo hace, jamás llueve de la misma manera sobre justos y pecadores, entre otras cosas porque los justos son una raza extinta, y los pecadores llevan paraguas.
7. Si alguien te maldice, no lo bendigas. No quieras humillar a nadie. Maldícelo tú también un poco, para que no se sienta muy canalla. En el fondo todos somos algo canallas.
8. LO MISMO PERO DE OTRA MANERA. Procura no humillar al que te hace daño, haciéndole un bien. Aunque sea un poco, hazle tú también daño. Dale la oportunidad de tener alguna razón contra ti y que sienta que el mal que te hizo era justo... mucho más justo de lo que quieres reconocer.
9. Nunca sacudas el polvo de tus sandalias contra nadie, sin consultar antes la dirección del viento en las próximas horas. Los periódicos informan puntualmente, pero la gente no escarmien­ta.
10. De vez en cuando el amor puede mostrarse como burla y menos­precio. Son éstas, dos buenas formas pedagógicas para mejorar la condición de los amigos. Sin abusar, naturalmente.
11. Si alguien te hiere, no andes exhibiendo vendajes, ni cojees, ni hagas nada que huela a autocompasión. El que nos hiere no siempre es nuestro enemigo. Si el que te hiere se declara enemigo tuyo, acéptalo si ves grandeza en él. Si no vas a aprender nada de él, no será un buen enemigo sino un mal amigo.
12. Si quieres ser bueno, debes aprender a leer con cuidado el Evangelio, para no llegar a creerte santo. Si quieres ser puro, no leas a S. Pablo; los ascetas suelen atrofiar la sensualidad y, con ella, la sensibilidad y la estética. Si quieres gozar de una sensualidad limpia, apártate de los Hechos de los Apóstoles, un libro vulgarmente sensual, escrito en un griego infecto según di­ce mi esposa, experta en ese idioma. Las llamas de Pentecostés sobre los apóstoles parece que les permitieron hablar varios idio­mas al instante, pero me temo que bastante chapuceramente. Podían haber ido a una buena academia para perfeccionar la inspi­ración.
Y 13. ‑Todo esto te daré, si postrado a mis pies me adoras.
‑Lárgate. Apártate de mi, gilipollas, estamos en el año treinta y dos. Cuando llegue el momento se lo dirás a Botín, o se lo propondrás a Wall Street o al Vaticano si quieres. Déjame ahora que descanse viendo cuántas cosas no necesito.

Voces erráticas


1. La grandeza del pasado  es un enigma porque, de ella, no nos llega más que lo externo. Se nos ha perdido la constelación de relaciones que le daba sentido desde el interior. Digo esto ante la Catedral de León cuyo enigma lo era ya para los hombres que la vieron elevarse. Digo ante un grupo de alumnos que surgen de su pasado como un enigma con patas y se dispersan en Junio empujados por todos los vientos de la rosa.
2. Hay gente que usa demasiado frecuentemente esa frase que se repite hasta la náusea: ‑Yo es que lo tengo muy claro. Además de ser un tópico lingüístico un tanto bobo, con una notoria pobrete­ría sintáctica, convendría recordar que tener las ideas muy claras no significa que éstas sean verdaderas. ¿Pero si no se habla de lo verdadero o lo bello, de qué se habla? Hay gente muy necia que verbaliza todo lo que se le ocurre; elaborándolo en una sintaxis más o menos correcta nos sirve su discurso como verdade­ro, con una seriedad risible. ¿Quiere comprobarlo? La mayoría de las declaraciones de la política por mor de la cautela, o por des­gastar al enemigo, suelen decir cosas muy claras que, o no son verdaderas, o sólo son verdaderas en parte, con lo cual son do­blemente mentiras, o ni son verdaderas ni falsas sino sinsentidos. Repase la prensa llamada del corazón o los sermones parroquiales y haga una estadística de las vaciedades que se dan como verda­des. ¿No le parece asombroso? Pero Ud. no diga esa frase tan pobre y si me permite un consejillo, no use la palabra "tema". Créame. La palabra tema encierra un problema de significación más arduo de lo que parece.
3. Hay que procurar alejarse de todo el que usa demasiado el pronombre personal de primera persona. Y también del que usa con frecuencia palabras como "evidentemente","lógicamente". Es gente que suele tratar de imponer un dogma.
4. El que enseña, el hombre bueno que se dedica a esta desdi­chada profesión, si no se cuida, termina interesándose sólo por aquellos pocos conocimientos que pueden transmitirse y peor aún, por la forma de transmitirlos. Esta es la miseria de nuestros centros de enseñanza y no el hecho de que, generalmente, la actividad educativa está mal pagada. En la mayoría lo que falta es el conocimiento. Muy pocos tienen música que contagie. Una gran cantidad, son funcionarios, (con eso está hecha su alabanza).
5. Una buena manera de hacer héroes es la de perseguir  hombres vulgares por causa de su ideología. De esta forma, el franquismo consiguió "héroes grandiosos" donde sólo había tipos mediocres. (Todos ellos están sentados en las mismas poltronas de la dicta­dura.) Lo mismo ha ocurrido con el cristianismo. Si se repasa el martirologio se verá que está lleno de gentecilla vulgar empeñada en derramar su sangre por la única idea que cabía en su cabecita.  
6. Siempre es sorprendente ver cómo incurrimos en la ira de aquel que siendo vulgar lo identificamos como tal cuando se le escapa una necedad. Un compañero mío, por ejemplo, casi me retiró el saludo, porque asegurando que "la voz del pueblo era la voz de Dios", me permití apuntar que un enunciado semejante estaba vacío de contenido e indicaba poca finura intelectual. El pueblo tiene la voz que la propaganda del poder quiere. Hoy el pueblo tiene la voz de la televisión.
7. Cuando niños, si alguien nos hacía daño y fortuitamente se caía o se hería con algún objeto, decíamos: "Castigo de Dios". Vagamente entendíamos que el dolor era el medio de corregir al que se equivoca o hace daño a los demás: el castigo como medio de educación. ¿Qué sentido tiene pues un "castigo eterno". La educa­ción no, desde luego. ¿La satisfacción de un mezquino instinto de venganza?... Pues bien, hay mucha "gente culta" que acepta esta creencia insensata y la pone como cualidad de su Dios.
8. Bebe, bebe, bebe. El vino se apodera de él pero de ninguna manera el espíritu del vino. Es que, en la fiesta del espíritu, el vino ocupa un lugar importante, pero en la fiesta del vino de este necio, lo que está ausente es el espíritu. Y además escribe.
9. Llevan cincuenta años juntos pero solos. Pasean por la Con­desa, y él lleva un transistor pegado al oído mientras ella observa distraída a los demás paseantes. No les dieron una educa­ción adecuada para vivir juntos y tampoco se prepararon para vivir solos. Por eso son desgraciados. Es inútil que se divorcien y es inútil que permanezcan juntos. Melancólico ¿no?
10. "‑Pues la tierra entera es la tumba de los grandes hombres". Dejo reposar en mi alma esta hermosa frase de la Oración Fúnebre de Pericles y pienso que es preciso dejar que la muerte ilumine de tal forma mi vida que llegue a ser digno de una tumba tan hermosa.

Voces erráticas

1.  Abusa Ud. del lenguaje. Eso no quiere decir nada.
Este es de los que quieren NADAr y guardar la ropa.
No quiero saber nada de ti
Nada, chico. Habrá que tomar medidas...
Gracias... De nada.
Lo siento. No hemos podido hacer nada.
Nada de lo que vivimos fue verdad, ¿verdad, Lolita?
¿Qué quieres tomar?  Nada, gracias.
No tengo ganas de nada, ni de morirme por el esfuerzo que  supone.
“Nada que siendo, es poco, y será nada, en poco tiempo que  ambiciosa, olvida"(Quevedo)
Nada más llegar yo, se estropeó la fiesta.
La nada nadea. (Heidegger)
 Observemos que el único horizonte de nuestra vida es nues­tro lenguaje y no sólo que hay miles de frases posibles en las que la nada y la negación son componentes esenciales sino que, además, cada aserto afirmativo tiene su negación. Es decir nues­tra vida es NADA en mucho más de un cincuenta por ciento.
Nada me aburre tanto como esta idea.

2.  Es como para desesperarse. Cuando reclamo mis derechos, los compañeros me miran  en silencio y leo en su cara lo que piensan:     
No son sus derechos, sino privilegios.
 En cambio cuando ellos vocean sus derechos son siempre derechos.

 3. Una prima mía, que descubrió tarde los "libros santos" a través de esos infatigables y divertidos voceros que son los Testigos de Jehová, se convirtió rápidamente en predicadora y yo procuraba escucharla amablemente. Con el fin de acabar con algu­nos reparos que yo ponía a la inspiración divina de esos libros, me dijo: -Mira, primo, no le des más vueltas; Las palabras de la Biblia son verdad porque son palabra de Dios
Y tú ¿por qué lo sabes?, pregunté con más dudas que nunca.
Porque lo dice la Biblia, y si no, mira las profecías.
Este tipo de hechos ilustra mucho sobre la forma en que el cristiano necesita creer contra toda razón.

 4. Cualquiera está dispuesto a reconocerlo todo menos su propia tontería por aquello de que el sentido común es lo mejor reparti­do entre los hombres, que decía el Cartesio. En una ocasión escu­ché este diálogo entre colegas.
     El esclavo griego vivía "mejor" que el obrero actual.
     Es posible, pero no dejaba de ser un esclavo.

5. Desconfiar, no sólo de los políticos, sino sobre todo de los que no tienen otro tema de conversación que las "hazañas" de los políticos. Lavarse las manos después de tocar esos asuntos.

6. En este país, los curas han renunciado al canto de las horas y con los jóvenes fieles (fidelidad coyuntural la de los jóvenes en continuo cambio), cantan, bailan, tocan la guitarra y frecuen­tan las discotecas. El "santo" que se alejaba del mundo para encontrar a Dios, pretende ahora encontrar a Dios en el mundo... justo donde no puede estar su reino. Así han llegado a convertir­se en la buena conciencia de la juventud más aproblemática, la juventud sin alma. ¡Ridículo! El buscador de la verdad colaboran­do en la gran mentira, la alienación.

7.  Escuché el poema de un amigo. No hubo más remedio. Era como ese calor estival que obliga a las ovejas a esconder su testuz unas bajo el vientre de las otras. Pero me vengué leyéndole a mi vez uno mío. El que a verso mata a verso muere.

8. Puestos a elegir yo prefiero que Dios no exista.  Soportarme a mi mismo tantos y tantos años ya es un fastidio más que regu­lar. Soportarme eternamente en el cielo o en el infierno, es demasiado. Soportar a los demás por toda la eternidad es un postre excesivo para una comida excesivamente copiosa.

9. Más barato. Mayor comodidad a menor precio. Conseguir mucho por poco dinero para tener más dinero para adquirir mucho más. Eterna rueda de la estupidez del consumo como fin de la vida. Pero el sabio necesita menos cada día por afirmación de beatitud.

10. La grandeza del pasado es un enigma porque, de ella, no nos llega más que lo externo. Se nos ha perdido la constelación de relaciones que le daba sentido desde el interior. Digo esto ante la Catedral de León cuyo enigma lo era ya para los hombres que la vieron elevarse. Digo ante un grupo de alumnos que surgen de su pasado como un enigma con patas y se dispersan en Junio empujados por todos los vientos de la rosa.

lunes, 14 de febrero de 2011

A vueltas con la religión en la escuela

Antes de llamaba SCR -Sociedad, Cultura y Religión- una idiotez más de la LOGSE y su extraño resentimiento contra la escuela y la enseñanza, a la que hay que "METER EN CINTURA" Hoy seguramente tendrá otro nombre. No me preguntes cuál, amigo lector, porque lo ignoro, pero hayla. Si ha cambiado mucho, bien, pero la idiotez permanece porque... es..."lo que permanece."

“Yo, señora,juro por Dios que no soy creyente.” Esta es la paradoja en la que tanta gente cae cuando se escandaliza por la pretensión de la llamada derecha (¿qué será eso?) de imponer la religión en la escuela que "tiene que ser"laica. Los que piden la religión en la escuela no suelen ocultar intenciones pastorales, lo que suele resultar molesto para los que piden laicismo estricto en la escuela. También yo sentía un cierto malestar cuando un cura, intelectualmente poco cualificado, aprovechaba el prestigio que da el que la materia sea una asignatura en paridad con la física, para impartir dogmática o moralina presuntamente desprendidas de la doctrina cristiana. Ahora con un pie puesto en el expediente de jubilación para que no se me vuele, cuando la enseñanza me parece ya cosa de otros, que seguramente me harán bueno como asegura el refrán, ahora digo, ya no estoy seguro de qué camino tomar y de si es necesario tomar un camino. Lo que sí convendría que desapareciese es ese bodrio que se ha metido como sustituto de la religión. Una asignatura que se titula,  “Sociedad, cultura y religión" o de cualquiera otra manera que como una bufanda oculte su contenido idiota. Verás amigo. Estaba yo actuando como profesor de guardia, y ya tenía firmado el parte  (véase cuánto perdura el léxico castrense de la dictadura)  cuando  escuché, en un aula, eso que se llama “follón” en la terminología estudiantil. Abrí con tiento la puerta, tanto por miedo a que un mozallón me sacudiera con una silla, como por miedo a que fuera el profesor quien permitía tal barullo, pero, nada. Como la ventana estaba abierta, pensé: el profesor voló. -¿Qué tenéis agora, queridos discentes? –pregunté con temor y temblor. – SCR - me contestaron. - Quién da semejante despropósito - inquirí de nuevo. –Don Alonso, el de inglés  -me contestaron.  -Y ¿qué hacéis en esa hora y asignatura? -¡Nada!  - Hombre, nada, nada... Algo haréis, algo haréis queridos discentes ¿no? - No señor, nada. - Pero tendréis un libro de texto...- dije con intención de obligarlos a estudiar.   –No señor, no tenemos texto... - Pero os darán algunos apuntes... - No señor. A veces el profesor habla, a veces debatimos sobre cosas de prensa, a veces comentamos cosas culturales como el botellón, las drogas, los videojuegos o una película de Banderas. –Vaya, vaya –dije para mi capote. Y cerré la puerta y me fui a la sala de profesores rascándome la calva. Llamé por teléfono a la dirección provincial: - Ya saben que quiero una jubilación anticipada ¿han llegado los papeles? –No sea pesado, hombre, ya le llamaremos -me contestó Ana, uno de los ángeles de la sección de personal a punto de perder la paciencia.
Por otra parte, - juro por Dios que no soy creyente – insisto, se me hace arduo pensar que un estudiante quiera mantenerse al margen de la religión si se tiene en cuenta que, sociedad y cultura tienen en ella también sus raíces. Me espanta que no quieran al menos conocer de quÉ trata. Cuando ante un cuadro de la huida a Egipto un chico pregunta por el tío de la burra, o ante un san Jerónimo, qué hace ese tío pegándose con una piedra ¡qué guarro, y con una calavera!...., entonces insisto - juro por Dios que no soy creyente- me dan ganas hasta de bendecir cualquier reforma que hable de calidad. ¡Por caridad, señora ministra, un poco de calidad!
Hay otra asignatura que me aturde hasta la diarrea por la vaciedad que tiene, incluso como título:Transición a la vida adulta”. Sólo a un pedagogo o a algún otro descerebrado se le puede ocurrir tal materia y que tal materia sea enseñable. Al comienzo, cuando me reincorporé al aula después de varios años de ausencia, leí mal y pensé. La Logse ha seguido su curso. Los males tienen tanta eternidad como los bienes. Esta asignatura es cosa de feministas ¿a quién se le ocurre poner en la escuela una transición a la vida adúltera? Vi una profe, de pelo corto, pantalón desastrado, gafas de intelectual cesante y una carterona de ejecutivo en empresas cárnicas y pregunté: -¿Es usted/a la catedrático/a de “Introducción a la vida adulto/a”? Me miró con muy mal gerol y me espetó: -¿Es usted tonto? ¿No ve que yo soy de INEF? Yo insistí también con más de lo mismo: -Pero catedrática/o? - Ahora ya no hay catedráticos/as –me contestó. Todos somos profesores/as de secundario/a. Y esa asignatura supongo que la darán los de historia que es el totum revolutum donde suelen caer todos los marrones. Y me quedé pensando: con razón le llaman secundaria, porque verdaderamente es enseñanza prescindible. Los alumnos deberían pasar directamente de la primaria a la Universidad o al paro.
 Vuelvo a la religión. Algunos, atrapados por una especie de mala conciencia, piensan que habría que sustituirla por la antropología de la religión, otros que por una “historia de las religiones”, otros que la alternativa de la ética está bien y que la religión sea voluntaria y no sea objeto de evaluación. Hay gustos y opiniones para todos, porque en Educación, a ver quién es el tonto que no tiene una opinión muy clara. Desde luego, si no hay evaluación no hay religión. Y los peores enemigos de la religión son los que la quieren sin evaluación. Pero, ¡si la religión misma se reduce a un montón de evaluaciones y a una evaluación o juicio final.! Por fin los hay enemigos de la religión que dicen: -Dejad tranquilos a los curas que ellos mismos acabarán no sólo con la religión, sino con la religiosidad.
Yo, - que juro por Dios que no soy creyente- maldigo de asignaturas como SCR o Transición a la vida adúltera, perdón, adulta, y quiero que se mantenga la religión como asignatura. ¡Toma ya! No hace daño a nadie, da consejos benévolos para la vida, desarrolla sentimientos cercanos a la poesía, alivia de la mala conciencia, ahorra psiquiatras... y, para que no haya lugar a dudas, si yo pudiera, la impondría por decreto con este temario más o menos. La primera lección (¡no, unidad que suena a Logse!) la titularía así: De la posible inexistencia de Dios. La segunda: La pérdida de Dios como fuente de libertad. La tercera: “Ser como dioses”, hontanar de todos los valores. La cuarta: Vida santa para rellenar el hueco de la muerte de Dios. La quinta: en Re menor. Música y poesía como hechos religiosos. La sexta: Cristo: el hombre y sus propuestas de salvación sin más allá. Séptima: Otras vías religiosas sin Dios: el budismo. Octava: La salvación sin trascendencia y el pecado contra el hombre: África, Palestina, Euzcadi, EEUU. Novena: La virtud del orgullo como guardián de las demás virtudes. Décima: El cristianismo como historia de nuestra alma enferma y terapias de choque. Undécima: El cuerpo como “lo santo”. Duodécima: el pecado del Capital y el pecado capital, mortal, del fanatismo político, intelectual, estético, moral o religioso.
Seguramente que hay otros temas y seguramente que estos no son muy sistemáticos pero, si bien se piensa, es decir, si se piensa religiosamente, se verá que contienen una honda propuesta religiosa, y que, dando de baja al profe Satanás por incompetente, podrían ser impartidos por un buen catedrático de filosofía, antes que desaparezcan estos (los/las catedráticos/as) arrollados/as por el laicismo/laicisma analfabetos/as que nos invade.

EL CINISMO DEL PODER Y EL PODER DEL CINISMO



Cualquier observador imparcial del cotarro parlamentario sabe cuánto de estafa tiene la actividad que se desarrolla en el hemiciclo, actividad “parlamentaria” que, como su nombre indica, está hecha de largos parlamentos (largos aunque duren un minuto) y cuánto de estafa tiene la actividad política que, en ellos, busca justificación.
¡Gobierno y oposición! El diálogo de la indecencia. Los dos saben que el diálogo es imposible, porque ambos declaran la sordera y la mala fe del otro como supuesto previo. Y así uno dice: -usted no escucha y el otro: usted no quiere oír. Y lo terrible es que los dos están sordos de verdad. Los dos están dominados por la misma pasión: el poder. Y el poder los deja sordos. De modo que, todo lo que se habla bla bla bla, esconde un monólogo previo que, en el gobierno dice: -Agárrate al sillón todo el tiempo que puedas. Y en la oposición: -Trata de echar a ese sordo del sillón para sentarte tú.
Sólo en ocasiones especiales, sobre todo al final de las legislaturas, el monólogo aflora como con el famoso “Váyase, señor González” o el famoso “Usted miente, señor Aznar, los españoles se merecen otra cosa, cualquier cosa”.
Los dos, gobierno y oposición, se caracterizarán por un discurso pobre que revela, sin embargo, de forma inequívoca sus intenciones.
El gobierno dice: -Puesto que tengo la razón y, por consiguiente, la verdad y la corrección en la gestión de la realidad (como certifica el hecho de ser el más votado), la oposición se mueve en la mentira, el engaño, la información parcial y sesgada (el gobierno se encarga de no informar demasiado a la oposición, porque informar es dar poder) y un pernicioso deseo de alcanzar el poder para gestionar torpe, interesada e insensatamente SU particular realidad.
El gobierno dice: -La visión teórica de la realidad, que la oposición tiene, está contaminada de “prejuicios”, intereses de partido y deseos nefandos de pervertir el orden que represento.
El gobierno dice: -Puesto que la razón está de mi parte, la oposición, a lo sumo que puede aspirar es a tener algunas razones colgadas en una palabrería destinada a desgastar, roer, degradar, descalificar, y levantar toda clase de sospechas sobre el “talante” del gobierno… La oposición me golpea… ¡Oídlo! No busca más que bronca. Así que tengo el derecho inalienable de devolver el golpe.
Por su parte, la oposición dice: -El gobierno no escucha. El gobierno está sordo, porque no hay mayor sordo que el que no quiere oír. A pesar de todo le diré, a gritos, la verdad, poniendo por testigo al pueblo que me escucha.
La oposición sostiene que el Gobierno gobierna de manera partidista, lleno de rencor contra la “realidad” que, siendo verdad, es inmutable.
La oposición asegura que el Gobierno miente, engaña, falsea, oculta, en función de intereses de grupo.
La oposición da por supuesto que el Gobierno dirige al país a la ruina, el caos, el desconcierto y el desprestigio ante naciones que ella declara prestigiosas.
La oposición certifica que el gobierno usa los bienes de todos en función de intereses particulares o de partido (amiguetes, cuñaos o correligionarios).
La oposición asegura que el Gobierno no sabe gestionar y le quita al pueblo las ilusiones. (Siempre que los políticos usan la palabra ilusión o imagen me ataca una náusea irreprimible y la necesidad de apoyarme en una esquina y vaciar el estómago, porque desde niño aprendí que “sólo vive de ilusiones, el tonto de… las narices” y no me gusta que me consideren tonto.)
Amigo mío, lector ingenuo: gobierno y oposición se diferencian, en que uno lo ejerce en contra tuya y la otra espera ejercerlo de la misma manera. Así que vuelve conmigo a decir: -Aguanta corazón (y estómago) que cosas más vergonzosas has aguantado, para ir desesperadamente a votar por alguien. Mejor que se lo coman todo y qué más da. Y cuando llegue una jornada de reflexión apaga tu móvil y tu correo electrónico, para no aguantar a la oposición o al gobierno otra vez, aquella indecencia que inclinó el voto de tanto ingenuo: se creen que somos tontos. Créeme. Ese cínico halago, dicho por quien sea, revela en qué medida, el poder y la oposición nos consideran tontos de verdad, de capirote a nativitate y usque ad mortem. Y verdaderamente ejercemos nuestra tontería cuando escuchamos el discurso político y cuando vamos a las urnas como borregos. Con lo contentos que estamos de nuestro sentido común.
Ya sé. Ya sé, lector, que muchos de los que viven ese diálogo de sordos me clasificará despectivamente como ácrata, anarquista, pesimista, catastrofista, etc. Porque, lo primero que hay que hacer con el discurso que no interesa, es descalificar al discursero. Y además, no me importa, porque mi tribuna de hoy es también cínica, pero de segundo grado: desde la mirada de san Diógenes.

sábado, 12 de febrero de 2011

En la muerte de Antonio González Guerrero

 Hace unos años, cuando murió el poeta, me encontré con la terrible novedad de que había sido enterrado cuando yo desconocía su muerte. Andaba yo encerrado y oculto e ignoraba su última y terrible enfermedad y su larga agonía. Entonces escribí esta nota fúnebre que tiene algún  valor ahora, cuando se va a hacer un homenaje a su clara figura.

La muerte redondea la belleza de las almas más bellas y marca el inicio de su eternización porque la belleza quiere eternidad. Muere el amigo, como dice Lucàks, y como un enjambre surgen las preguntas que ya no alcanzarán respuesta de sus labios. Hablábamos de cosas indiferentes y pensábamos: esta noche, mañana, la próxima primavera, hablaremos de todo lo que amamos juntos y lo que constituye el núcleo de nuestro vivir. Pero no hay noche, ni mañana, ni primavera, porque a la tarde murió el mejor y las preguntas sobrevuelan el misterio que ya no se desvelará. Y cuando el amigo es un poeta, entonces se producen derrumbamientos en la zona del tesoro del alma a la que, de vez en cuando, nos permitía asomarnos con temor y temblor. Con temor y temblor, porque, a veces, los tesoros colgaban de abismos sin fondo. Ha muerto Antonio y ha más de un año que tengo a medio escribir la que, de haberla enviado, sería última carta. Ahora, pregunto por mí y por todos los que seguimos de pie: -¿Quién puede dar respuestas? ¿Cómo alcanzar a solas una señal que nos oriente sobre la rosa del destino? ¿Dónde encontrar los pasos noctámbulos hacia un amanecer sin mácula? ¿Ya no habrá más palabras de su boca tocada de divinidad, que nos rediman de la brutalidad del silencio que domina la cháchara cotidiana? ¿Dónde su  voz sosegada, plena de luz y sacralidad? ¿Quién nos dará, hecha ritmo, la verdad que sólo es verdad en la eurritmia? ¿Qué férula encontraremos que señale, en el horizonte ético, sendas de coherencia y fidelidad, de gravedad y melodía, de aire modulado en alma; que señale la dirección del viento del espíritu?
Cada verso suyo que se quiebra, cada escansión, cada signo de puntación y cada juntura silábica eran una delicada advertencia: allí estaba escondido todo lo que su poesía no podía admitir: la mundanidad chata e idiota pero amenazadora; allí estaba la pasión de la cumbre pero también el vértigo del precipicio; allí estaba la bella voluntad  de estilo afirmándose contra la envidia de poetas del día, que todo lo basan en el juego de lenguaje y en una retórica que sugiere profundidades donde no hay soporte humano. Antonio es un alma modelada por la poesía. ¿Alguien tiene finura suficiente para comprenderlo?
Demasiado hombre y demasiada hombría de bien, estalla en sus versos una voluntad de plenitud que sobrecoge en cada tema que trata. Y en cada tema, sobre todo en los temas de erotismo desbordado, late, paradójicamente, la advertencia  severa de la muerte: escucha amigo, un día serás asunto del gusano. Terrible ¿verdad? Ah, pero la melodía del verso es lo que nos permite leerlo una vez y otra y siempre, sin temor a la Dama de los ojos fríos. ¡Y el ritmo! Un día, leyendo sus versos, como mi sentido del ritmo es tan deficitario (nunca aprendí a bailar), conté las sílabas tamborileando tontamente con los dedos sobre la mesa del café, buscando un error de escolar. Y Antonio me dijo sonriendo comprensivo. “Están muy contadas, no te canses”. Ahora me pasaré tiempo tamborileando sus versos y haciendo preguntas a los intersticios del silencio: -¿Dónde estás, amigo? ¿Por qué pie quebrado te has ido con tu clara voz y tu musicalidad evidentes? ¿Dónde, sino en los surcos del campo leonés, voy a encontrar tu “hambredad” de espacios sacros:  trigo y trigo, pan y  Dios, vino y dorada retama? Te dejé solo un buen rato y la voz buena y dulce de Carmen Busmayor me sacó de mi pobre covacha de pensamiento: -El lunes enterramos a Antonio en Corullón al amor susurrado del Burbia. ¡Dios santo! ¿Cuánta orfandad regala una frase tan sencilla como esa? Así, como del rayo maltratado, me vine a casa y me vine a tus libros. En ellos quiero volver a oír el ritmo de las aguas de tu río; ver demoradamente los campos de vides y trigos, los cerezos en flor y las cerezas en sazón; y el pan que es el poema redondo de tus manos santas. En ellos voy a saciar mi necesidad de música para suavizar los terrores nocturnos. En ellos voy a encontrar formas y brillos de tu mirar, emociones ocultas no vividas por nadie más que por tu alma sensible. Voy a casa más solo que la una y son las tres.
Si has vivido un hermoso tiempo de amor y poesía; si pisaste la delicada senda de la ocultación a pesar de premios y vanidades que nunca torcieron tu ritmo; si sufriste en silencio la traición de pretendidos amigos que buscaban a tu sombra un poco de notoriedad; si aguantaste grandilocuencia y vaciedades en forma de elogios idiotas con una sonrisa; si sufriste el olvido y el egoísmo sonoro de mediotontos sedicentes poetas; si fuiste fiel y elogiaste con afecto sincero a poetas de menor cuantía pero de mayor fama y abalorio; si has sido noble y bueno para el que te buscó sinceramente; si amaste a tu hermana Albertina y a tus sobrinos más que a tus versos;  si encontraste la agria luz de los cerezos y el secreto místico de Amalur, esa parte celta del alma de todo buen berciano; si en Malasaña te tropezaste, una tarde, la voz del gozo de Catulo y tomaste de nuevo y siempre la palabra; si viviste tan a fondo el fondo poético de la existencia, sinceramente te digo, ¿sabes? te digo con el verso de Blas de Otero, escrito para ti: si has perdido la voz en la maleza, ¡ay, querido amigo! nos queda tu palabra. Descansa. A quien los dioses aman, le dejan corta vida. Mañana iré con mi esposa a la tierra que estercolas y santificas y te llevaré unas rosas rojas y un triste y serio nomeolvides.