martes, 26 de marzo de 2013

Muletillas y muletas


Las dos palabrejas hacen referencia a la gente. A la gente lisiada, claro. Por la primera ya se intuye que no hablo de la polio, ni de lesiones medulares.
"Muletillas" son esas frases hechas a las que se recurre cuando no se tiene nada que decir o se dice algo de puro trámite, o porque se carece de imaginación, de lenguaje y de lectura. La muletilla es el apoyo lingüístico necesario para una cojera de idea o un vacío de pensamiento y discurso.
Ni el congreso de los diputados, ni el periodismo ramplón se ahorran de parlamentarios y periodistas de discurso torpe y mentecatez manifiesta. No hay político que interpelado por una cuestión comprometida no se arranque por peteneras, ni periodista que no diga aquello de “la asignatura pendiente” o si es suceso de muerte “la policía no descarta ninguna hipótesis o todas las hipótesis están abiertas”. La muletilla, esa frasecita que sirve de apoyo a alguna cojera leve, puede ser eufemismo de muleta y silla de ruedas cuando se trata de un discursete entero de distracción. La bandera nacionalista, Madrid o España es la muletilla preferida de políticos conseguidores cuyo fracaso manifiesto de gestión “echa balones fuera” (he ahí otra muletilla) culpabilizando al otro o sencillamente chantajeándolo: Si no me dais esto o aquello enarbolo bandera; si no hacéis lo que conviene a este gobiernín vosotros seréis los culpables… si gasté sin medida o “me lo llevé crudo” (otra) y no me ayudáis España tendrá la culpa. Cuando se oye a un político lo de “confío en la justicia y tengo la conciencia tranquila, o dimito para no hacer daño a mi partido o exijo la presunción de inocencia” la muletilla delata la pifia y descubre campos de desvergüenza o inmoralidad que, en ellos, se nombran con palabras como cohecho, prevaricación o comisiones —un pie para hacer leyes a puntapiés y otro para saltárselas con el mismo procedimiento—. “Vaya morro” suele ser entonces la muletilla popular. La desvergüenza y el cinismo pueden tener una expresión insuperable: cuando por fin encarcelan al canalla sin que devuelva un euro y el escándalo termina, entonces viene la muletilla que es el oxímoron con el que se salva todo. Entonces los tertulianos que vivieron del escándalo dicen: “esta es la grandeza de la democracia”… Pero las muletillas de los tertulianos son otra historia… del Ruedo Ibérico. ¿Sabía usted que además del jamón existe en España el Ruedo Iberico?


domingo, 24 de febrero de 2013

LA PIEDRA CLAVE



En la gran corte pontificia, siempre habrá un cardenal de duro granito sobre el que edificar la Nueva Iglesia. El papa que se retira al cenobio benedictino XVI a orar, sabía que la moral debe brotar de la fe, de las convicciones y no al revés. De ahí que se le acusara de fundamentalismo y rigidez en tantos grupos católicos “progres”. Parece que estos grupos prefieren adaptar la fe a las costumbres desde principios “indiscutibles” de acción. ¡La evangélica elección entre Marta y María!
En el sintagma “principios indiscutibles” es posible que se asiente un nuevo fundamentalismo moral que quiere una fe a la medida de las nuevas costumbres, tan voluble y cambiante como la moda.
¡Hombre! Pudiera ser que el Espíritu Santo los escuchara y decidiera retirar el don de entendimiento al cónclave dejándole elegir “libremente” una piedra menos dura o un timonel menos sabio/fundamentalista que dirija la nave de Pedro peligrosamente hacia una escollera o hacia mares más procelosos.
Teniendo en cuenta la empanada teológico mental que padezco, pienso que tal vez el Espíritu Santo (dicho esto sin ironía), usaría de piedad para con los católicos de menos discernimiento o de pragmatismo más acusado,  para que acomodando estos su fe a su moral, dirijan sus pasos fuera, donde la fe deje de ser el cielo protector y piedra fundante. Lo que se quiere entre ellos no es un fundador como dice el evangelio sino, alguien que se "adapte a los tiempos" sin saber muy bien qué sean estos. No queda nada que fundar o fundamentar.
¿Sería esta escisión un acto purificador de la Iglesia? ¿Acabaría esto con la eterna discusión de si la fe debe entenderse como acción desprendida del amor, o si el amor y su actividad deben resultar de la claridad de la fe? 
En esta encrucijada mi sabio demonio escéptico me dice al oído que la risa debiera presidir la gran asamblea, ya porque allí puede que nadie sea creyente (tener fe no es lo mismo que hacer actos de fe), ya porque, siendo todos "creyentes" sui generis, acepten el divorcio entre fe y moral y todo siga lo mismo. (Como indicio de incredulidad, póngase el lujo y el boato de la corte vaticana, tan lejanos al ejemplo evangélico).

sábado, 23 de febrero de 2013

Cencerros de la moral


Uno se mueve ufano en los principios morales que mamó de niño, en la casa y en la escuela. Que nadie los toque, que nadie los ponga en duda. ¿Estaría dispuesto a morir por ellos? Si se le preguntara diría que sí… y se sentiría un héroe. En el medio en que vive se le admira por su coherencia y por la certidumbre, que su forma de conducirse da a algunos imitadores. Algo hay de inflexible y desagradable en su conducta, sin embargo. Se irrita aunque reprime el gesto cuando alguien pone sombra de duda en su fidelidad a los imperativos de que presume y, sobre todo, cuando se pone en tela de juicio la solidez y coherencia que los cimientan. El escepticismo es una lupa capaz de mirar a través del alma y desenmascarar lo que de torcido hay en esa “fidelidad”... y eso es molesto. 
Pero hay un caso todavía más sorprendente. El hombre solamente  afirma creer en esos valores. A ese le importa menos que se ataque la solidez de los mismos que la solidez de su fe en ellos. Es el vanidoso de la moral. Suele tener dos rostros como Jano, el dios de la puerta. Uno es su comportamiento hacia dentro, otro su comportamiento hacia fuera. Hacia dentro suspende la crítica, hacia afuera finge con mucha o poca arte. Ese desdoble genera doblez en las dos direcciones; doblez que en algunos casos degenera en desequilibrio mental pero en la mayoría  lo que produce no es más que triste alienación y cinismo estúpido. Si es sorprendido actuando contra su fe, o disimula o sonríe cínicamente, en caso de que conserve cierta lucidez; en otro caso, no solo asume impávido las contradicciones sino que llega a asegurar que es preciso gestionarlas bien, porque en esa “gestión” se encuentra la tranquilidad frente a cualquier situación en que la vida le ponga; ello genera el oxímoron de la paradoja: su fe en los principios es exactamente falta de fe en los mismos. En todo caso no conviene contradecirle porque no percibe lo que sea una contradicción y consiguientemente —como diría Machado—, una cabeza con déficit de pensamiento, puede embestir y no siempre se tiene a mano el capote adecuado para ese toro.

sábado, 9 de febrero de 2013

La adivina


La medium no leía en la bola, leía sus manos, y las encontró viejas y sucias. Es la antigua sabiduría del riguroso examen de conciencia pero, en él, sucede lo que Ortega decía de Castilla al preguntarse por la esencia de España: Castilla hizo a España y Castilla la ha deshecho. Mis manos hicieron mi vida y la perdí con mis manos acariciando bolas de cristal. Esta situación absurda suele evidenciarse al final. Mientras se vive en plenitud, ¿qué me importan los signos escritos de mis manos? Pero frente al enigma del muro, cuando, como dice Quevedo, la muerte, "de tierra el débil muro escala", una mirada a las manos es la búsqueda de un justificación. Ay, entonces es necesario escuchar dentro la voz insobornable: tus manos hicieron la vida que querías y tus manos clavadas a un madero, perdieron la que te esperaba como una hermosa doncella espera al amado de su alma.