viernes, 25 de febrero de 2011

Miguel Sebastián


No es posible. Doume a todos os diaños. Lo oí en una cadena de tele. El ministro de Fomento daba por fin una buena noticia para nuestra economía: -Si la crisis del norte de África perjudica nuestras importaciones, ello se compensa con el aumento de turismo en las costas españolas. Quiero pensar que no ha sido premeditada su afirmación sino que se le ha escapado una “verdad de esas que se callan cínicamente”, un flatus vocis o un “flatus culi”(me lo acabo de inventar). No es posible que un ministro de Fomento de mi país diga eso sin pensar en los muertos y la desgracia de los pueblos del Magreb. Me recuerda aquella otra cínica marranada de que la guerra de Irak prometía importantes beneficios económicos para España. Un espanto. Hagamos unas frases más para caernos de culo moral: Las hambrunas africanas favorecen nuestras importaciones. El aumento del aborto disminuye las bocas que reclaman alimento y disminuye el gasto de la Seguridad Social. El crecimiento del Sida mejora la caja de nuestros laboratorios. Los pederastas deben usar medios de protección sexual seguros. Las pérdidas de la S. S. durante el invierno, se compensan un tanto, porque el invierno eleva la tasa de mortalidad de pensionistas. Las guerras africanas mejoran mucho nuestra exportación de armas… las gallinas que entran por las que salen… Cuanto más tonto sea un político los beneficios de la inocencia y el buenismo serán mayores para la política en general. Cuando todos los políticos alcancen el grado de idiotez suficiente, todos viviremos mejor en el limbo de los gilipollas o seno de Abrahán.

sábado, 19 de febrero de 2011

MADERA DE BOJ Camilo José Cela.


Narrador y oyente: casi un monólogo interior.
Cela ha abandonado hace tiempo la ficción de la narración escrita a favor de la narración oral. Como si registrara una larga conversación en la que el interlocutor, el otro, sólo interviniera sumisamente de vez en cuando para una puntualización, una aclaración o una reflexión sobre la forma misma en que se le está contando todo, Madera de Boj es una narración que nos deja solos ante una realidad dada de manera dialogal. Asistimos a la conversación, (tomamos una y otra vez la novela ¿todavía sigue ese pelma contando naufragios? Esto me parece que ya lo ha contado, parece que este tío se repite igual que la morcilla de mi pueblo. ¿Y ese bobalicón que escucha, ¿estará borracho también?) atónitos, incapaces de seguir ningún hilo por el que alcanzar el ovillo o el tapiz que todo novelista debiera tejer. O quizá lo que hace el novelista es soltar pacientemente la trama vital en la que antes se tejían los argumentos. Estamos en la época en que Penélope desteje la tela, y en el suelo yacen todos los hilos que fueron antaño materia de creación amorosa.  Hay miles de frases que parecen el incipit. Es como si el autor no pudiera salir del incipit, cuando el libro avanza seguro registrando anécdotas para un argumento imposible que se organiza y se desorganiza en la cabeza de un loco o un borracho o un demiurgo.
No me extraña que esta novela provoque la rabia incontenible de los que siguen aferrados al antiguo esquemita de introducción, nudito y desenlace, o a la descripción finolis de sentimientos y emociones pretendidamente sutiles. No me extraña siquiera que un crítico tan fino como Senabre eche de menos un mínimo hilo argumental, (no hay inconveniente en admitirlo, si lo que quisiéramos fuera otra novela). Hay muchas novelas hoy llenas de guiños al lector que parecen decirle: - Sí, claro que sí. Tú también conoces estas sutiles sensaciones porque eres una persona culta. Pero Madera de Boj no, Madera de boj no es una novela porque no se detiene en el análisis de sentimientos, emociones e ideas ingeniositas y bien dichas y redichas, ni en argumentitos para lectores simples.
Imitando a Cela habría que decir de la novela lo que él dice de la vida: La novela no puede hacerse con madera de boj esto no es seguro porque hay gente que cree que sí. En Fisterra lo que se dice ahí mismo en la piedra que dicen Os Meixidos,  bueno, a medio camino entre Centulos y Fisterra  o tal vez en Madrid mismo el día de san Epafrodito de MCMXCIX (Colofón)  naufragó la novela. El poeta consiguió hacerla de madera de boj y ningún barco de esa madera flota; los pecios se van al fondo con toda la tripulación. ¡Vaya destino! A Celso Tembura le pegó una hostia un esqueleto, sor María tuvo un novio mercante al que mató la mar los moros y los cristianos de la aldea de Trez, que está en cuesta, a los carros hay que atarlos para que no escapen se pelean el día del Apóstol, ganan siempre los cristianos… se fueron al fondo… Se conoce que el capitán que conocía muy bien el rumbo del patache novelesco, quiso dar un escarmiento a la historia, otros dicen que cuando se rajaron los fondos de la novela contra la roca de la vida, el capitán don Camilo José Cela, estaba meando por la borda con la gorra echada a la nuca forcejeando con el galernazo.
Pero ¿no será este un nuevo camino para la novela del nuevo siglo? A lo mejor, hace mucho más tiempo que la novela naufragó, me refiero a Mazurca o Cristo versus Arizona; a lo mejor como vaticinaba Hegel todo el arte entero ha naufragado y la novela ha muerto. El día de San Epafrodito se encontró muerto un artista con el reloj en marcha, se conoce que llevaba poco tiempo muerto, alguien le robó el reloj, ¿para qué lo quería ya?  Y ¿no va esto también un poco revuelto y sin mucho orden? Ya le he dicho.

MADERA DE BOJ Camilo José Cela.

El Callejón del Gato

Cela, el mejor prosista del siglo XX, es el heredero directo de Baroja y de Valle Inclán. De Baroja aprendió el hermoso desorden y el tratamiento de los personajes que tanto irritaba a Ortega: unos cuantos rasgos trazados a vuelapluma, una opinión personal del narrador,  un puntapié en el trasero y a escena. Lo que pasa es que, lo mismo que aparecen, desaparecen tan justificada o injustificadamente como en la vida. Si reaparecen vuelven a ser descritos de la misma manera con una nuevo matiz en la opinión que el narrador ya tiene de ellos.
En el Esperpento, Valle aseguraba que (es preciso usar la traída y llevada frase del autor) los héroes clásicos habían ido a pasear al Callejón del Gato. En Madera de Boj y ya en la Mazurca, y Cristo versus Arizona, Cela hace que sus héroes den un paseo por ese callejón, también. Algún pilluelo sin embargo ha apedreado los espejos cóncavos y convexos y a la deformidad del reflejo se añade el fragmentarismo que es el carácter esencial de arte del siglo XX. En lastimoso desorden,  cada uno de los minúsculos espejuelos esparcidos por el suelo refleja nada más que una partecita  mínima de la realidad, de la ominosa realidad de la vida, de la deforme realidad que es España. Cela ha llevado al extremo la idea del fragmento como elemento mínimo de composición novelesca. –Podréis reconstruir la realidad que os doy, pero os va a costar dios y ayuda, - parece decir y, justamente, porque la vida no se deja apresar por el orden de la mente. En efecto, Madera de Boj no es un libro fácil, porque todo anda un poco revuelto como reiterativamente se dice, pero no tanto; o bien al revés: como el orden es una pretensión bastante tonta de la vida, todo está un poco ordenado; según se mire. Si se consiguiera reordenar los espejuelos rotos es posible que se consiguiera una realidad ordenada tan zamba, zurda y delirante como la que nos da el libro. Ni una concesión al lector y a los restos de orden que queden en la mente crepuscular del siglo XX. Nada. El delirio: el rap. 

MADERA DE BOJ Camilo José Cela.

Hay mucho mandanguero de la novela. Pero si quiere usted un libro hermoso y duro, lea este libro de Cela. Durante unas cuantas entradas lo trataré. Pero ya le advierto de que la "técnica crítica" corriente, creo que no vale para este texto alucinado y alucinante. Por ello prefiero acercarme a él por otro camino.

Eso va en gustos. Hay gente que escribe sutilezas y la novela dice muy bien, muy lógica  y muy finamente lo fina que es su forma de percibir, tan sutil que a veces no hay percepción siquiera, sino sólo artificio de lenguaje, y hay otra gente que escribe a cantazos y seguimos la trayectoria de la piedra que dice: así es la vida y al que le toca le toca. Me refiero a Madera de Boj donde también muchos lectores, muchos buenos lectores naufragan. No sé si esto que voy a decir irá ordenado. Se conoce que la vida impone orden o desorden según se mire. La vida en fin, parece una escollera; piedras que emergen, que asoman un momento en el vaivén de las olas.

Finis terrae, finis saeculi, finis narrationis.
Cela es el poeta de los bordes, de los límites extremos. Si se le preguntara para qué sirve una frontera, estoy seguro que respondería, para saltársela. Madera de Boj es una mirada sombría sobre dos bordes sombríos: el de la tierra y el del siglo. Precisamente cuando todo parece resuelto, cuando la palabra bienestar se ha instalado en el alma occidental; cuando hemos descubierto el pequeño paraíso… del chalet adosado y pagamos con plástico en cualquier sitio, porque se confía en nosotros; cuando nosotros, hombres de la calle, los que nunca fuimos nada, somos lo más importante según el poder que sube o baja; cuando nuestros representantes envían enseguida un avión de buena conciencia a cualquier catástrofe ¡tranquilos, hacemos lo que podemos!, entonces aparece esta novela tan poco amable… ¿Pero es que este señor siempre tiene que ser tan inoportuno? –me decía una buena y culta esposa de un buen médico aficionado al arte. ¡Al final de la tierra, al final del siglo, todos estos naufragios! Sí, todos. Náufragos en el mar y en la tierra confundidos vivos y muertos. Todo ha sido un inmenso naufragio. Todo en ti mundo adorado, todo en ti fue naufragio. Y la mirada del poeta fría, conmovedoramente lúcida, cruelmente testimonial, como en un arabesco complicadísimo da cuenta de ese inmenso naufragio que es la vida. Ah, desilusión de Occidente: la gaviota va por el mar hasta la Gavoteira, la cornisa en la que anidan centenares y centenares, quizá miles y miles de pájaros, mirando para el oeste, para el mar que sólo cierra el horizonte, por el que cruzan las ballenas. (Frente a un pesimismo tan atroz sería bueno recordar el optimismo nietzscheano del último aforismo de Aurora, cuando se cerraba el siglo XIX con tan negros horizontes. Otros pájaros volarán más lejos… etc. ) [1]
Cierto que cualquiera puede echar mano de unas cuantas categorías tradicionales y, sin más contemplaciones decir: Esto no es una novela. Bueno, pues no, si usted lo dice. Ya se ve que todo anda un poco revuelto. Seguramente no es una novela, por lo del desorden. Lo que pasa es que Madera de boj sigue ahí, no desaparece, y mira burlonamente al preceptista: ¿Conque no, eh? ¡Vaya, vaya!
No es lugar para una discusión teórica pero sí de señalar de pasada que cada novela, cada experimento propone una rectificación del concepto que nos permite llamar novelas al Lazarillo y al Ulysses sin demasiada inquietud teórica.
¿Qué tiene Madera de boj que la hace a mi juicio digámoslo atenuadamente,  (un gran) producto novelesco?


[1] NOSOTROS ERONAUTAS DEL ESPÍRITU. Todos esos pájaros atrevidos que vuelan hacia los espacios lejanos, cada vez más lejanos, llegará ciertamente un momento en que no puedan ir más lejos, en que se colgarán de un mástil o de un árido arrecife, felices todavía de encontrar ese miserable asilo. Pero ¿quién tendrá el derecho de concluir que no hay ya ante ellos una vía libre y sin fin y que han volado tanto que ya no hay ante ellos una vía libre? Sin embargo, todos nuestros grandes iniciadores y todos nuestros precursores han acabado por detenerse, y cuando la fatiga se detiene no toma las actitudes más nobles y más graciosas; ¡así será contigo y conmigo! “¡Otros pájaros volarán más lejos!” Este pensamiento, esta fe que nos anima toma impulso, rivaliza con ellos, vuela cada vez más lejos, se lanza como una flecha por los aires, por encima de nuestra cabeza y la impotencia de nuestra cabeza, y de lo alto del cielo ve, en las lejanías del  espacio, bandadas de aves, mucho más poderosas que nosotros que se lanzarán en la dirección en que nosotros nos lanzamos, hacia donde todo no es más que mar, mar, mar. ¿Adónde queremos ir nosotros? ¿Queremos remontar los mares? ¿Adónde nos arrastra esta pasión poderosa que domina sobre toda otra pasión? ¿Por qué ese vuelo perdido en esa dirección hacia el punto donde hasta hoy todos los soles “declinaron” y se “apagaron”? ¿Se dirá un día de nosotros que también nosotros, dirigiendo el timón siempre hacia el Oeste, esperábamos alcanzar una India desconocida, pero que nuestro destino era fracasar ante el infinito? O qué, amigos míos, o qué... 

martes, 15 de febrero de 2011

COSILLAS

1. Hay gente que anda a gritos. Te mira y grita algunas de sus verdades. Y el caso es que no estás sordo. Conviene pararlos en seco: ‑Oiga, ¿por qué grita? Los gritos no son argumentos. Los gritos sólo manifiestan el deseo que uno tiene de creer en lo que dice. Hay gente que grita con la pluma cuando escribe. General­mente procede del mundo del periódico. Cuando los grititos (¡Mi­rad que lista soy y que ingeniosa! ¡Aprended hombres de mi!...) son de alguna progre  cuyo reloj se paró en el 68, mujeres donde lo bonito y lo preten­didamente brillante y el humor ingeniosillo... en fin: ¿ para que hablar de la coquetería de unas mujercitas que toman ideas como libertad o independencia cual si fueran un abalo­rio más? ¿O el discursito idiota de esas feminazis que dividen el mundo en campo de batalla entre machos y hembras?  Acaso fuera bueno devolver a estas últimas a la cocina, de donde escaparon injustamente... pero no me hagan caso porque el enfado me está refutando.

2. "Cualquiera debería ser suficientemente fuerte para escuchar los cantos de sirena sin necesidad de ser atado al mástil de la barca, como Ulises". Esto me lo decía un buen amigo cuya sordera era notoria.
3. Lo más penoso de la amistad rota suelen ser las largas explicaciones. El silencio es mejor. El silencio es el bálsamo más delicado para las heridas. Se ha perdido la capacidad de vivir  juntos las "bellas" ideas, los sentimientos hermosos. ¿De qué sirve que tengamos las "mismas" ideas? La amistad y el amor no se basan nunca en ideas.
4. ¿No es estúpida la idea de un Dios que da a sus criaturas la razón para que busquen la verdad y aprendan a conducirse en la vida y luego les exige fe en absurdos gratuitos? Desnaturalizar a un hombre para hacerlo un Dios, supone que luego, durante dos milenios se pierde el sentido de ser‑hombre.
5. "Yo quiero hacer en todo momento lo que me gusta". Este es el nuevo sentido de la existencia y a esta pobreza estética se la llama libertad. En realidad, creo yo que esa fórmula es la causa de la decadencia de la aristocracia que deja de hacer lo que debe, para hacer (y puede hacerlo) todo lo que le gusta. Aunque este pensamiento sea de Ortega y Ortega ya no esté de moda, cuánta verdad encierra. Sobre todo, cuando se trata de elegir carrera, los padres suelen salvar su responsabilidad dejando que el mucha­cho elija guiado por su gusto. Eso sí, están prestos a poner el dinero y a hacer los sacrificios que sean. Con frecuencia el gusto del muchacho está peor formado que su inteligencia, ya que, en los planes de enseñanza eso es cosa vedada: con ello los batacazos suelen ser monumentales; eso sí, se salva la buena conciencia de los padres. No está mal recordar esto en Septiembre.
6. DEFINICIONES.
a. Soñar. Cerrar todas la puertas a las imá­genes para liberar las que callan en el interior.
 b. Rezar. Cuando se hace con convicción, es tomar la postura del esclavo para hacer la pequeña locura de la que nos reiría­mos en la calle, (‑El pobre, ‑solemos decir- va hablando solo), mientras sostenemos la ficción de que alguien escucha tras la gran puerta del cielo estrellado.
c. Reprender. Utilizar el lenguaje más eficaz para corre­gir   en los demás lo que nos molesta de nosotros mismos. En todo caso, raspar el azogue del espejo.
d. Oración. Estructura lingüística (S/P) que pretende arrancar respuestas al vacío. Se acompaña a veces de gestos y visajes extraños o de una inmovilidad de gusano en peligro. A veces se repite lo mismo hasta la náusea, llevando la cuenta de lo que se dice con unas especie de ábaco, una cuerda llena de bolitas.
e. Silencio. Voz que se refiere al vacío. No sólo no está reñido con la verborrea sino que ésta suele ser una de sus formas más insoportables.
f. Necedad. Pequeño derrame lingüístico. En plural, son frases extraídas del lenguaje común que, dichas con una potente voz, suelen suplir la falta de sentido de lo que se dice. Escú­chese a la mayor parte de los políticos; generalmente ese hablar los diferencia de los hombres de estado y de las personas cultas.
g. Amor. Monólogos en los que los silencios son cada vez más prolongados.

OPINANDO A DAR

1. "‑Pues la tierra entera es la tumba de los grandes hombres". Dejo reposar en mi alma esta hermosa frase de la Oración Fúnebre de Pericles y pienso que es preciso dejar que la muerte ilumine de tal forma mi vida, que llegue a ser digno de una tumba tan hermosa.
2. La muerte tiene más alicientes de los que se cree. Por de pronto el aliciente de todo lo desconocido, misterioso y terri­ble. Tiene además el aliciente de lo estable y lo verdadero. Y, además, dicen que es de miel; los hombres azules del Sáhara, aseguran que el tercer té de la tetera ha de ser dulce como la muerte. ¡Dulzura de la muerte! Para mí es especialmente atractivo ese descanso que promete porque llevo varias noches sin dormir.
3. Cuando un maestro, hastiado, abandona todos los gestos in­transigentes  que marcaban su moral o su estética, observa con estupor que sus alumnos convertidos a su vez en maestros lo miran con recelo, sospechando que ha traicionado las verdades que les enseñó, para "integrarse" en el sistema de poder.
4. ¿Por qué la educación religiosa cegó el pozo de la estética en mi alma? He tenido que alcanzar un poquito de arte, solo y contra la estupidez ñoña que unos religiosos plantaron en mi alma infantil.
5. "En verdad os digo..." ¿Es curioso que todos los salvadores repitan fórmulas como ésta? Como si fuera gente insegura que necesitara creer en si misma.
6. Aunque Dios hiciera caer la misma cantidad de agua para todos, que no lo hace, jamás llueve de la misma manera sobre justos y pecadores, entre otras cosas porque los justos son una raza extinta, y los pecadores llevan paraguas.
7. Si alguien te maldice, no lo bendigas. No quieras humillar a nadie. Maldícelo tú también un poco, para que no se sienta muy canalla. En el fondo todos somos algo canallas.
8. LO MISMO PERO DE OTRA MANERA. Procura no humillar al que te hace daño, haciéndole un bien. Aunque sea un poco, hazle tú también daño. Dale la oportunidad de tener alguna razón contra ti y que sienta que el mal que te hizo era justo... mucho más justo de lo que quieres reconocer.
9. Nunca sacudas el polvo de tus sandalias contra nadie, sin consultar antes la dirección del viento en las próximas horas. Los periódicos informan puntualmente, pero la gente no escarmien­ta.
10. De vez en cuando el amor puede mostrarse como burla y menos­precio. Son éstas, dos buenas formas pedagógicas para mejorar la condición de los amigos. Sin abusar, naturalmente.
11. Si alguien te hiere, no andes exhibiendo vendajes, ni cojees, ni hagas nada que huela a autocompasión. El que nos hiere no siempre es nuestro enemigo. Si el que te hiere se declara enemigo tuyo, acéptalo si ves grandeza en él. Si no vas a aprender nada de él, no será un buen enemigo sino un mal amigo.
12. Si quieres ser bueno, debes aprender a leer con cuidado el Evangelio, para no llegar a creerte santo. Si quieres ser puro, no leas a S. Pablo; los ascetas suelen atrofiar la sensualidad y, con ella, la sensibilidad y la estética. Si quieres gozar de una sensualidad limpia, apártate de los Hechos de los Apóstoles, un libro vulgarmente sensual, escrito en un griego infecto según di­ce mi esposa, experta en ese idioma. Las llamas de Pentecostés sobre los apóstoles parece que les permitieron hablar varios idio­mas al instante, pero me temo que bastante chapuceramente. Podían haber ido a una buena academia para perfeccionar la inspi­ración.
Y 13. ‑Todo esto te daré, si postrado a mis pies me adoras.
‑Lárgate. Apártate de mi, gilipollas, estamos en el año treinta y dos. Cuando llegue el momento se lo dirás a Botín, o se lo propondrás a Wall Street o al Vaticano si quieres. Déjame ahora que descanse viendo cuántas cosas no necesito.

Voces erráticas


1. La grandeza del pasado  es un enigma porque, de ella, no nos llega más que lo externo. Se nos ha perdido la constelación de relaciones que le daba sentido desde el interior. Digo esto ante la Catedral de León cuyo enigma lo era ya para los hombres que la vieron elevarse. Digo ante un grupo de alumnos que surgen de su pasado como un enigma con patas y se dispersan en Junio empujados por todos los vientos de la rosa.
2. Hay gente que usa demasiado frecuentemente esa frase que se repite hasta la náusea: ‑Yo es que lo tengo muy claro. Además de ser un tópico lingüístico un tanto bobo, con una notoria pobrete­ría sintáctica, convendría recordar que tener las ideas muy claras no significa que éstas sean verdaderas. ¿Pero si no se habla de lo verdadero o lo bello, de qué se habla? Hay gente muy necia que verbaliza todo lo que se le ocurre; elaborándolo en una sintaxis más o menos correcta nos sirve su discurso como verdade­ro, con una seriedad risible. ¿Quiere comprobarlo? La mayoría de las declaraciones de la política por mor de la cautela, o por des­gastar al enemigo, suelen decir cosas muy claras que, o no son verdaderas, o sólo son verdaderas en parte, con lo cual son do­blemente mentiras, o ni son verdaderas ni falsas sino sinsentidos. Repase la prensa llamada del corazón o los sermones parroquiales y haga una estadística de las vaciedades que se dan como verda­des. ¿No le parece asombroso? Pero Ud. no diga esa frase tan pobre y si me permite un consejillo, no use la palabra "tema". Créame. La palabra tema encierra un problema de significación más arduo de lo que parece.
3. Hay que procurar alejarse de todo el que usa demasiado el pronombre personal de primera persona. Y también del que usa con frecuencia palabras como "evidentemente","lógicamente". Es gente que suele tratar de imponer un dogma.
4. El que enseña, el hombre bueno que se dedica a esta desdi­chada profesión, si no se cuida, termina interesándose sólo por aquellos pocos conocimientos que pueden transmitirse y peor aún, por la forma de transmitirlos. Esta es la miseria de nuestros centros de enseñanza y no el hecho de que, generalmente, la actividad educativa está mal pagada. En la mayoría lo que falta es el conocimiento. Muy pocos tienen música que contagie. Una gran cantidad, son funcionarios, (con eso está hecha su alabanza).
5. Una buena manera de hacer héroes es la de perseguir  hombres vulgares por causa de su ideología. De esta forma, el franquismo consiguió "héroes grandiosos" donde sólo había tipos mediocres. (Todos ellos están sentados en las mismas poltronas de la dicta­dura.) Lo mismo ha ocurrido con el cristianismo. Si se repasa el martirologio se verá que está lleno de gentecilla vulgar empeñada en derramar su sangre por la única idea que cabía en su cabecita.  
6. Siempre es sorprendente ver cómo incurrimos en la ira de aquel que siendo vulgar lo identificamos como tal cuando se le escapa una necedad. Un compañero mío, por ejemplo, casi me retiró el saludo, porque asegurando que "la voz del pueblo era la voz de Dios", me permití apuntar que un enunciado semejante estaba vacío de contenido e indicaba poca finura intelectual. El pueblo tiene la voz que la propaganda del poder quiere. Hoy el pueblo tiene la voz de la televisión.
7. Cuando niños, si alguien nos hacía daño y fortuitamente se caía o se hería con algún objeto, decíamos: "Castigo de Dios". Vagamente entendíamos que el dolor era el medio de corregir al que se equivoca o hace daño a los demás: el castigo como medio de educación. ¿Qué sentido tiene pues un "castigo eterno". La educa­ción no, desde luego. ¿La satisfacción de un mezquino instinto de venganza?... Pues bien, hay mucha "gente culta" que acepta esta creencia insensata y la pone como cualidad de su Dios.
8. Bebe, bebe, bebe. El vino se apodera de él pero de ninguna manera el espíritu del vino. Es que, en la fiesta del espíritu, el vino ocupa un lugar importante, pero en la fiesta del vino de este necio, lo que está ausente es el espíritu. Y además escribe.
9. Llevan cincuenta años juntos pero solos. Pasean por la Con­desa, y él lleva un transistor pegado al oído mientras ella observa distraída a los demás paseantes. No les dieron una educa­ción adecuada para vivir juntos y tampoco se prepararon para vivir solos. Por eso son desgraciados. Es inútil que se divorcien y es inútil que permanezcan juntos. Melancólico ¿no?
10. "‑Pues la tierra entera es la tumba de los grandes hombres". Dejo reposar en mi alma esta hermosa frase de la Oración Fúnebre de Pericles y pienso que es preciso dejar que la muerte ilumine de tal forma mi vida que llegue a ser digno de una tumba tan hermosa.